Saludo del Rector

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Ustedes jóvenes lasallistas, alumnos hoy y exalumnos mañana, deben ayudarnos, con su espíritu tolerante y abierto a vivir con más intensidad los valores lasallistas: fe que descubre a Dios en la realidad, a la luz de la Escritura y para las personas de otras religiones en sus propios textos sagrados. A traducir esta fe en fraternidad, porque más allá de las diferencias nos sintamos hermanos y hermanas. Y a que esta fraternidad se transforme en servicio para lograr un mundo más humano y más solidario, para ser constructores de paz y reconciliación, para lograr que los pobres puedan tener lo necesario para vivir con dignidad y en donde la creación sea respetada, protegida y amada.

“La universidad ha de formar, antes que todo, hombres. Hombres, no archivos ambulantes, ni grandes eruditos. La actitud principal del profesor ha de ser la de dar una visión de conjunto. No un mero hábito, sino una visión de conjunto. La universidad debe dar ese hábito hacia la verdad. La sabiduría no es erudición. La mera erudición es pesada, amontona ladrillos como una fábrica. Y en este sentido, cuánto ayudaría insistir a los alumnos en un criterio distinto del crudo pragmatismo inmediatista. Nuestros alumnos además de especialistas tienen una misión en la sociedad. El que quiera vivir en el organismo social tendrá de alguna manera que compenetrarse con los otros. Y esta actitud se adquiere no en una sola ciencia, por ello, nuestro alumno habrá de cultivar diversas disciplinas”. (San Alberto Hurtado SJ).

Creo que ciertamente en algún momento nos hemos sentido ante el presente, ante los cambios que estamos viviendo y ante los problemas que muchas veces nos abruman como desubicados, fuera de lugar, condenados. Pero no podemos quedarnos aquí debemos tomar conciencia de la nueva realidad, la realidad real… no la imaginaria, que nos ofrece enormes posibilidades y nos invita a una acción transformadora. Es el hoy de Dios que debemos amar, ciertamente con mirada crítica, aunque no comprendamos muchas cosas. Una sola es esencial: el presente es manantial de presencias. Son esas presencias las que dan sentido a nuestra misión educativa y evangelizadora lasallista. Son los rostros de los universitarios que educamos, de los niños y jóvenes, de los pobres, de los no amados, de los que no tienen voz… son ellos los que llenan nuestra vida de sentido, como llenaron también, hace ya más de trescientos años, el corazón de Juan Bautista de La Salle y los primeros Hermanos. Para responder a esta realidad real, a ese manantial de presencias necesitamos renovarnos continuamente en nuestro proyecto educativo lasallista.

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